Telegrama desde Tánger*

jay allen byn

Allen, en la cárcel de Chalon, en Francia, bajo dominio nazi. La foto está firmada por el periodista.

Jay Allen fue, a juicio de muchos de sus colegas, el periodista mejor informado de la Guerra Civil española. Su olfato periodístico y su habilidad profesional le permitieron entrevistar a Franco en Tetuán, el 27 de julio de 1936, publicar en el Chicago Tribune el 30 de agosto del mismo año La matanza de Badajoz, una de las crónicas más reproducidas de la Guerra Civil, y, un par de meses después, entrevistar a José Antonio Primo de Rivera en la cárcel de Alicante poco antes de que lo fusilaran.

Los sucesos de Badajoz comenzaron el día 14 de agosto de 1936. Allen llegó a la ciudad nueve días más tarde y su crónica no fue publicada hasta el día 30 del mismo mes. ¿Por qué pasaron cinco días desde que escribió el texto hasta que fue publicado? En el Chicago Tribune justificaron el retraso diciendo que “el despacho desapareció en alguna parte del recorrido, o bien en la enorme papelera de algún censor”. Pero no fue así. Las notas que escribió Allen para un libro inacabado nos ayudan a conocer por primera vez la historia una de las crónicas más relevantes de la Guerra Civil y las peripecias que vivió el periodista hasta que su artículo apareció en el Chicago Tribune.

El viaje: Elvas, Lisboa, Tánger

En la madrugada del día 25 de agosto de 1936, el periodista norteamericano Jay Allen se encuentra en la pensión Central, en la Rua Dos Chilões de Elvas, un pequeño pueblo portugués próximo a la frontera de España, a tan solo 8 kilómetros de Badajoz y a 159 de Lisboa. Allen ha subido al tejado y ha visto el humo procedente de los cuerpos que queman en Badajoz. Ha tratado de dormir, pero no podía. La temperatura de su habitación se asemeja a la de un baño turco. Los mosquitos y las chinches le torturan, pero lo hacen menos que el recuerdo de lo que ha visto con sus propios ojos en Badajoz. Con el olor a sangre todavía en el pelo, escucha los lamentos de una mujer que solloza en la habitación de al lado porque han fusilado a su marido por la mañana. Como no puede conciliar el sueño, a las cuatro de la madrugada comienza a escribir a mano en su cuaderno un texto de alrededor de 2.500 palabras que pasará a la historia del periodismo como una de las crónicas más notables de la Guerra Civil española.

Más tarde, en un libro no terminado cuyos textos permanecen inéditos, Allen explica que el marido de la mujer que lloraba en la habitación de al lado, un republicano que había huido a Portugal, fue devuelto por la policía portuguesa a España y fusilado nada más cruzar la frontera. Al descubrir que no estaba a salvo, decide salir de allí.

Jay Allen regresa a Lisboa a las nueve del día siguiente. Un amigo le muestra un barco alemán y ve que soldados portugueses están descargando pesadas cajas que suben a furgones españoles. El nombre del  barco estaba tapado con pintura. Gracias a unos prismáticos, lee SS Kamerun escrito en un salvavidas. “El Kamerun tenía aviones alemanes, tanques y otros materiales de guerra para Franco. Fue la primera violación flagrante y demostrable desde que los aviones italianos y alemanes que ya estaban al servicio de Franco habían llegado por vía aérea”, escribirá en su libro inacabado.

Portada Chalon byn

Portada del libro “España, tierra de Terror”, de Jay Allen, publicado por www.ecicero.es

El periodista comprueba que tanto en el Consulado Británico como en la legación de Estados Unidos conocían la noticia del barco alemán. Allen deja el sombrero en la recepción del hotel y sale a comprar el periódico, pero tardó cuatro años en regresar a buscar el sombrero y las maletas. Un taxi le lleva al aeropuerto de Lisboa. En la lista de embarque del avión a Tánger la reserva figura a nombre del “Señor Cooke” –el nombre completo que aparecía en su pasaporte era Jay Cooke Allen–. El avión despega con mucho retraso. Comprueban varias veces que no viaja un pasajero norteamericano llamado Allen. “Solo había dos estadounidenses: Brown y Cooke”.

El vuelo de Lisboa a Tánger solía costar un par de horas. Después de hora y media en una tormenta, el avión realiza una parada de emergencia en Cádiz. Antes de aterrizar, Allen va al baño y esconde en una caja de pañuelos grande su cuaderno de notas con la crónica de Badajoz y un sobre, envuelto en tela impermeable y sellado como valija diplomática, que le había dado el amigo que le condujo hasta el barco alemán en Lisboa. Una pareja de carabineros se acercó bajo la lluvia para ver quiénes eran. El piloto portugués les explicó que “algo perdía líquido”. Hicieron el saludo y se fueron. “Enseguida estábamos de nuevo en el aire, pero yo había envejecido varios años”, anota el periodista.

Al llegar, Allen envía desde el hotel Minzah de Tánger un artículo sobre el Kamerun. No telegrafía el reportaje de Badajoz que sigue guardado en su cuaderno. “Me convencí de que los otros corresponsales, los chicos que iban con Franco, lo habrían mandado”. Luego, una noche, dando vueltas a la crónica, decide que la única forma de olvidarla era “transferirla a otras conciencias que no fueran la mía”. Se levanta de la cama y entre las cuatro y las ocho de la mañana teclea el telegrama al Chicago Tribune a partir de las notas que tiene en su libreta.

España, tierra de terror

El cable fue publicado por el Chicago Tribune el día 30 de agosto. Y allí empezó un auténtico tormento para el periodista. Los sucesos de Badajoz se convirtieron en uno de los hechos más controvertidos de la Guerra Civil. El número de muertos varía en función de quien los cuenta. Allen los cifró en 4.000 y, ante la trascendencia de su artículo, como se dice en la introducción del libro España, tierra de terror, se desarrolló una campaña contra el periodista basada en que no vio con sus propios ojos los acontecimientos. Paradójicamente, la argumentación de sus adversarios para descalificar su relato se ha centrado en si estuvo o no en Badajoz y si presenció la matanza más que en la veracidad de lo que contó en el magnífico reportaje. Como explica Preston, lo que escribió acerca de Badajoz «dio pie a que Jay fuera vilipendiado durante los años posteriores… Y lo que es más importante: lo que vio llegó a obsesionarle el resto de su vida».

EL CABLE ESTREMECEDOR

Allen guardó una copia del largo telegrama:

«recogida prensa por acuerdo con compañía telégrafo Eastern –chicatrib paris–elvas portugal fecha esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir párrafo la escribo a las cuatro de la madrugada enfermo en cuerpo y alma en el hediondo patio de la pensión central, en una de las tortuosas calles blancas de esta empinada ciudad amurallada stop nunca más encontraré la pensión central y nunca querré hacerlo he llegado aquí desde badajoz ciudad a unos kilómetros de distancia stop subí a la azotea para mirar atrás stop vi fuego stop están quemando los cuerpos stop cuatro mil hombres y mujeres han muerto en badajoz desde que los moros y los legionarios rebeldes del general francisco franco treparan sobre los cuerpos de sus propios muertos para escalar las murallas tantas veces empapadas en sangre párrafo he intentado dormir pero…».

*Publicado en Artes & Letras, de Heraldo de Aragón, el día 21 de noviembre de 2014.

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