Tánger (1): Gran Café de París

Gran Cafe de Paris - Tánger

Gran Café de Paris – Tánger

Por la tarde es difícil conseguir una mesa en la terraza del Gran Café de París. En el mejor chaflán de la Place de France, de Tánger, los hombres pasan las horas charlando y mirando a los que pasean. Saludan efusivamente a los conocidos. Besan a los familiares y a los amigos. Por las mañanas alguna mujer se atreve a sentarse en el café. Por las tardes se ven  menos mujeres. Si acaso, alguna extranjera que bebe té marroquí. Los hombres que no tienen compañía leen el periódico o un libro.

Mohamed Chukri siempre llevaba un libro consigo para leer en los cafés. El 17 de octubre de 1969, Chukri se sentó con Jean Genet en el Gran Café de París. Ese día el escritor marroquí leía un ejemplar de La peste. Después de pasar un rato en la terraza del café, comenzaron a pasear por el Boulevard. Genet le preguntó si en Tánger había una librería que perteneciese a la editorial Gallimard.

“No le quedaba dinero. Yo no estaba seguro de si la Librairie des Colonnes hacía de agencia local de Gallimard. Como  estábamos cerca le propuse pasarnos por allí para comprobarlo.

Madame Gérofi nos recibió con mucha amabilidad. Genet le preguntó si podían hablar a solas. Ella le invitó  a subir a su despacho. Se les podía ver a los dos sentados arriba, al otro lado de la balustrada.

Brion Gysin me comentó en cierta ocasión que Genet no guardaba su dinero en el banco. La editorial Gallimard era para él su único banco y todas las librerías repartidas por el mundo, que tenían trato con la editorial, sus sucusales. «En París, cuando necesita dinero va a buscarlo a Gallimard. Sale de allí con un sobre repleto que esconde bajo su chaqueta, como si lo hubiese robado».

Lo cuenta Mohamed Chukri en Jean Genet en Tánger, un libro publicado en España por Cabaret Voltaire que venden por 213 dírham marroquí, casi 19 euros, en la Librairie des Colonnes.

Terraza  del Gran Cafe de Paris - Tánger

Terraza del Gran Café de Paris – Tánger

Chukri también escribió un libro que disgustó mucho a Paul Bowles, a quien llamó el recluso de Tánger, donde recuerda que Bowles decía que entre los años treinta y la independencia de Marruecos en 1965, “la vida era maravillosa. Sentado en la terraza del café de París, podías escuchar cantar a las cigarras en los eucaliptos. Hoy día solo escucharás el ruido ensordecedor de los motores…“.  En una nota del libro, la traductora, Rajae Boumediane El Metni, explica con pocas palabras la importancia del Café de París.

“Todo un símbolo de Tánger. El legendario café fue construido en 1920 y está situado en la Place de France, frente al edificio y los jardines del consulado francés. Fue un punto de encuentro de una lista interminable de escritores amigos de Paul Bowles y de su mujer Jane. Además, el local tiene fama de haber sido un nido de espías durante la II Guerra Mundial“.

La plaza de Francia es ruidosa. Pasan muchos coches mientras un guardia de circulación los mira desde el centro de la plaza sin inmutarse. Al tráfico se han sumado desde hace un tiempo centenares de motocarros fabricados en China que se ven por todas partes. En unos transportan naranjas. En otros, periódicos. Los domingos los triciclos sirven para pasear a la familia. Ibrahim explica que son un “infierno” porque los ha comprado mucha gente para dedicarse al transporte de todo tipo de cosas e intentar ganarse la vida, pero producen muchos accidentes.

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