Tánger (2): Navidad en el hotel Minzah

Hotel Minzah

Un equipo de decoradores ha tomado las escaleras y el rellano principal del hotel Minzah de Tánger. Veinte días antes de Navidad, dedican toda una jornada a engalanar el hotel. La Navidad siempre ha sido la gran fiesta del año en Tánger“, escribió Paul Bowles. 

El Minzah Hotel TangierpEl Minzah se inauguró en 1930. En 1936, el periodista norteamericano Jay Allen consideraba que era el mejor hotel del mundo. Un emblemático patio andaluz es la pieza central  que sirve para distribuir el acceso al restaurante, al bar y a otras instalaciones. En el hotel presumen de que en sus 140 habitaciones se han alojado artistas, escritores, políticos y otra gente famosa, tales como Tennessee Williams, Truman Capote, Patricia Highsmith, Jacques Cousteau y William Burroughs, entre otros muchos. Hay quien asegura que el  Rick’s Café de Casablanca, una película que se estrenó 12 años después de inaugurar el hotel, está inspirado en el Minzah. En los pasillos conservan unos pequeños escritorios pegados a las paredes para que el viajero se detenga a escribir una misiva.

En la entrada del hotel, los conserjes se desviven por atender al huésped y le proponen paseos por la ciudad acompañados de guías “de confianza”, que enseñan el Gran Zoco, la Medina, el Zoco Chico y las mejores vistas, en un recorrido donde se pueden comprar las cosas más diversas y donde no falta un té marroquí antes de que te enseñen las “mejores alfombras” en una tienda que llaman con socarronería El Corte Inglés de Tánger. En la terraza del edificio de tres plantas se puede ver la ropa tendida de media ciudad y un inspirador panorama de tejados.

gato_TangerDespués de alojarse en el Minzah, en 1948 Barbara Hutton inauguró una casa en la Medina. Bowles explicaba en un artículo que la casa de Barbara Hutton “consistía originalmente en veintiocho casas musulmanas independientes, que fueron desmontadas y vueltas a juntar para crear la estructura actual“.

Barbara Hutton visitaba a menudo los cafés del Zoco Chico. Bowles contaba que había un joven extraordinario que pasó muchos años parado en ese Zoco. Miraba al cielo “en busca de un portento que anunciaría el regreso de la señora inglesa con quien había tenido una relación amorosa. Era una ocupación a tiempo completo durante las horas de vigilia; hiciese lo que hiciese la multitud que pasaba a su lado, él nunca desviaba la atención de su objeto: el pedazo de cielo encima de la oficina española de telégrafos”.

Bowles, que fue uno de los huéspedes ilustres del Minzah, consideraba que probablemente la forma más satisfactoria de vivir en Tánger sea comprar una casa marroquí y reconstruirla según la fantasía de cada uno. “Yo viví muchos años en hoteles antes de comprar una casa“.

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