No es la crisis, son los sinvergüenzas

por-que-deje-goldman-sachsAlgunos libros, sin ser de terror, ponen los pelos de punta. Por qué dejé Goldman Sachs (Deusto, 2013), de Greg Smith, es uno de esos libros. Empecemos por el principio: el día 14 de marzo de 2012, The New York Times publicó un artículo de alrededor de 1.500 palabras, que tuvo una excelente acogida en las redes sociales, donde Greg Smith explicaba por qué dejaba Goldman Sachs. No es habitual que un periódico, más si se trata del referente planetario, conceda tanto espacio a un desconocido trabajador de un gran banco de inversiones. Smith, que comenzó en Goldman Sachs de becario y en 12 años llegó a ser vicepresidente (“de los 30.000 empleados de la casa, unos 12.000 son vicepresidentes”) y a cobrar más de 500.000 dólares al año, denunciaba en el artículo el ambiente tóxico de una organización donde los intereses de los clientes importaban poco porque lo único que interesaba era que el banco ganara dinero. Nada extraño, por otra parte, cuando se habla de bancos.

Gran parte del interés del libro reside en las explicaciones que da Smith sobre el día a día del banco de inversiones. Cuenta, por ejemplo, la “transacción elefante”, que según figura en el glosario que acompaña al libro, se trata de una operación que representa una aportación superior a un millón de dólares para el banco de una sola vez. El autor deja claro que entre los intereses del cliente y los del banco, los empleados de Goldman Sachs no dudaban en obtener la mayor rentabilidad para el banco y se dedicaban a la caza de elefantes, las operaciones que les proporcionan resultados superiores al millón de dólares.

Tras el pánico financiero de 2008, a pesar de la que estaba cayendo, los socios del banco de inversiones eran “optimistas” y animaban a comprar acciones. Al fin y al cabo, se trataba de que ningún inversor dejara el barco en medio de la tormenta. Para lograrlo, no cabían muchas disquisiciones éticas: “Si tengo que elegir entre mi reputación y mi hoja de pérdidas y beneficios, me quedo con esta última”, dijo un socio. “Porque al final, mi reputación la puedo recuperar, pero si pierdo mucho dinero, no podré recuperarlo”.

La cultura en Goldman Sachs, según dice Smith, pasó de fomentar la transparencia con los clientes a “arruinarlos por las comisiones que les cobraba”. Los antiguos valores se fueron por el desagüe y los nuevos se extendieron por la organización con gran rapidez. Pero lo más grave es que esa destrucción de los valores tradicionales se propagó por la banca y las grandes empresas de todo el planeta. Ahora mismo se trata de conseguir altos rendimientos sin que la moral se altere ni un ápice cuando se maltrata a los clientes. Pero no hay que olvidar que ese cambio no lo produjo la crisis, sino la codicia de los ejecutivos que obtienen la mayor parte de su sueldo por los objetivos logrados diariamente a golpes de sinvergonzonería.

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