Los sudarios no tienen bolsillos

sudariosMichael Dolan, un redactor de deportes del Times-Gazzette, cansado de trabajar en un periódico donde “venden patriotismo a precio de saldo y nada les importaba un carajo aparte de la tirada”. Dolan, un hombre a quien se le meten las mujeres en la cama antes de que él llegue a la habitación, es el protagonista de Los sudarios no tienen bolsillos (Akal, 2009), una novela de Horace McCoy, impresa por primera vez en 1937, que tiene pocas dificultades de lectura.

Como no puede publicar “noticias” en un periódico que vela más por sus ingresos que por los intereses de los lectores, Dolan decide dejar su trabajo y poner en marcha una revista. El periodista le explica su proyecto a un impresor de revistas.

—Algo parecido al New Yorker. Puede que no tan sofisticada. Aún no lo tengo muy claro, pero habría crónicas de sociedad y espectáculos y, ocasionalmente, algún artículo de investigación…

—¿Investigación? ¿Sobre qué?

—Oh, pues… sobre lo que surgiera. Política, deporte… Se trataría de estar pendiente de la actualidad en interés de los lectores.

—Eso no es cosa de los diarios?

—Teóricamente. Pero ninguno lo hace. Tienen miedo. Ellos lo llaman “diplomacia”.

El impresor hace números y el resultado es que la revista tendrá un coste de 1.500 dólares para una tirada de 2.000 ejemplares. Dolan, especialista en sablazos, consigue el dinero y en poco más de una semana, con una redacción compuesta por tres personas, aparece el primer número de Cosmopolite. En el quinto número, en la revista solo hay un par de anuncios de pago y pierde 1.000 dólares a  la semana. El plan de negocio es sencillo: cuando falta dinero, el director sale a buscarlo y no duda en dar sablazos e, incluso, utiliza el chantaje para conseguirlo. De todas formas, Dolan no está obsesionado con el dinero porque le interesa más su cruzada personal en busca de la verdad en una ciudad donde “la gente espera que los concejales sean unos chorizos. Probablemente se sentirían decepcionados si no lo fueran”.

La novela, que encaja perfectamente en la literatura ‘pulp‘, no servirá para inspirar el plan de emprendimiento de las decenas de periodistas que ahora mismo están poniendo en marcha publicaciones en España. La mayoría de esos proyectos están impulsados por la falta de posibilidades para ejercer el periodismo en una industria que echa agua por todos los sitios. En los tiempos del periodismo postindustrial, a los periodistas solo les queda asociarse con otros colegas para lanzar nuevos medios en Internet, un soporte que permite publicar con costes muy bajos, o editar revistas de papel con redacciones compuestas por tan solo tres personas, como la del Cosmopolite.

Eso sí, para no reblar, necesitarán el coraje de Dolan y más fortuna.

¡Mucha suerte a los que lo intentan!

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